lunes, 24 de octubre de 2011

Setas




Me quedó sin usar una bandejita de hongos blancos, de esos que se venden en cualquier verdulería. Cuando hace un rato abrí la heladera con la tranquilidad de saber que tenía algo preparado para la cena y que solo tenía que calentarlo, los ví y pensé… uhg!... se van a poner feos, (vieron que enseguida se ponen negros, como los brotes de soja... y la verdad, me daba pena tirarlos), así que traté de imaginar de qué manera podía cocinarlos solos, una que fuese rápida y sencilla. Pensaba en eso mientras disponía todo para calentar mi comida envuelta en papel aluminio, dentro del horno. Entonces fue cuando se me ocurrió adobarlos un poco y mandarlos al horno también, en la misma asadera (que además tenía agua en el fondo).
Se pasaron!, me sorprendí cuando los ví salir oscuros y arrugados del horno, ignorante del tiempo que llevaría que estuvieran cocidos, y pensé que a pesar de mis esfuerzos los iba a terminar tirando. Pero al comprobar al tacto que no estaban “calcificados”, sino mas bien blandos por dentro, se me ocurrió el viejo truco... filetearlos y saltearlos con un pedacito de manteca, claro (pensé),… si hubiesen estado cocidos sobre una parrilla, mejor... y si la parrilla se alimentaba de madera, mejor aún,… jajjaj!.... Mientras “pensaba", agarré  una seta al pasar y... la mordí. (Debo reconocer que me costó atravesar la primera sensación de resistencia a su piel, pero sin previo aviso se me llenó la boca de un sabor… amargo?... No; desconocido, nuevo y exquisito).
Imagino ahora, mientras las setas esperan en la cocina a que yo decida finalmente qué hacer con ellas que lo mejor va a ser comérmelas así como están… incluso, frías.

PD: la receta de las "Setas y Aes" se encuentra en elaboración.

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