
Tomé esta foto durante una de las cientos de paradas que se iban haciendo en la lenta procesión hacia la casa Rosada. Un camino serpenteado, de más de 20 cuadras, a través de las cuales una joven madre cargó durante casi 12 horas a este bebé en sus brazos, sólo para pasar esos escasos 10 segundos que duró el recorrido, delante del féretro de Néstor Kirchner y decirle "gracias", como todos (y sin el "casi"), los demás que estábamos ahí.
De la cantidad de fotos que tomé entre llanto, canto y silencio, me quedé con esta imagen: la de la sonrisa de un pequeño depreocupado y sereno militante que se bancó todo un día "de pie" sin chistar ni una vez, aferradito a su bandera argentina. Me pareció la más elocuente, la más significativa, la síntesis perfecta de lo que viví y siento.
Me volví a sentir orgullosa de ser parte de este pueblo.
Gracias a Nestor, Gracias a Cristina y Gracias a mi gente.